“Crudo” de RAMON SILVIO SOSA (DNI 10.844.453)
Los medios masivos de comunicación de nuestra provincia, durante
la primer semana de nuestro cálido enero, nos hacían saber que como parte de la
pre programación a la fiesta del chamamé, con el nombre de “Chamamé Solidario”
actuarían varios conjuntos en instituciones totales/totalitarias como es la
cárcel; así el domingo 15 entre las 10 y 11:40 hs. estuvieron Los Criollos de
Corrientes y Miriam Asuad en la Unidad Penal Nº 1, mejor conocida como “El
Castillo”. Sabemos que ningún género musical puede ser solidario, solidaria
son las personas, siendo una de las acepciones del significante solidaridad: “ayudar
sin recibir nada a cambio”.-
Entonces la expresión usada por el
Estado/Gobierno para promocionar como producto de mercado al chamamé oculta un consciente
efecto placebo (cuyo significado se utiliza como sustantivo: sustancia que
carece de acción terapéutica por sí misma pero que de todas formas produce un
efecto curativo en el paciente; esto es posible ya que quien recibe el placebo
está convencido de que la sustancia posee capacidad curativa; en esta
comunicación analogo: placebo-chamamé, paciente-preso) La cárcel, el encarcelamiento y las leyes que regulan el
mismo producen la destrucción del cuerpo y la destrucción del alma del
convicto; es decir, el Estado/Gobierno organiza y dinamiza un proceso generador
de sufrimientos; desde el primer dolor que se inicia con la privación de
libertad que pone en jaque de shock, (minusvalía: rechazo condena moral, etc.),
privación de bienes y servicios (ya no podrán usar sus cosas ni disponer
siquiera del agua corriente ni de energía eléctrica, etc.); privación de
relaciones heterosexuales (se fomenta homosexualidad, se afirma masculinidad y
a la vez se niega la misma en cárceles de varones, etc.); privación de
seguridad (se corre el riesgo constante y continuo de que un semejante o los
vigilantes causen lesiones o incluso la muerte del preso, sin contar de que la cárcel
es una clase de “muerte por goteo”); pérdida de autonomía (la cárcel siempre es
autoritaria porque responde a las demandas del preso con indiferencia, totaliza
la vida de éste, quiebra su identidad, controla el espacio, el tiempo y la
actividad del interno, etc.). De manera que el Estado/Gobierno causa
sufrimientos administrando dolor no terapéutico (la cárcel sólo es para castigo
de los reos) hasta el azaroso egreso del “desviado”, que continuará con dicha calificación
hasta el fin de sus días, cometa o no actos contrarios a la ley.
De otra forma, los sufrimientos infligidos no sirven para
nada ni para nadie, sólo para el Estado/Gobierno que tiene los presos que
quiere tener, entre tanto, se le ocurrió hacer escuchar chamamé como pausa al
prolongado y doloroso tratamiento; en otros términos, si el administrador de
dolor (Estado/Gobierno, a través de los vigilantes) se solidariza con su
víctima (presos), -solidaridad que duró una hora cuarenta minutos por ocho mil
setecientos cuarenta y ocho horas al año de sufrimientos y privaciones; debemos
admitir la paradoja o ironía o perversión concretada en el programa chamamé
solidario para los presos anunciado y ejecutado como parte de un producto de
mercado dónde la solidaridad tampoco tiene nicho.-
Visibilizados los reales objetivos
de la administración y el continuo incumplimiento a la ley por quienes juraron
cumplirla (“…Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias,
para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida
que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que
aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice”, art. 18 in fine C.N.),
creo que poner de manifiesto el fenómeno precedente nos llevaría a pensar en sanciones
alternativas o limitativas a las existentes para aquellos considerados como
incapaces para vivir según las normas acordadas y por ende no merecen confianza
social.-
Corrientes 20 de Enero de 2017.-



