lunes, 16 de septiembre de 2013

Relectura de “Las contradicciones de la sociedad punitiva” de David Garland.-

I.- Introducción: Nuestro margen en los últimos tiempos en la Ciudad de Corrientes, asumiendo el encierro institucional producto del sistema penal durante todo el 2.012 y primer semestre del año en curso, comparte a grandes rasgos con el observable de la política criminal en Gran Bretaña de finales de la década de los ´90, no solo en el sentido de que la política penal es mensurable por su “punitividad”, sino también porque ésta comparte, aunque parcialmente, los mismos orígenes y estrategias de adaptación (como discursos legitimantes/racionalizadores de actuación propios de sus agencias en etapa de criminalización secundaria y, particularmente, en la de ejecución penal)                       


                        El Servicio Penitenciario de la Provincia de Corrientes tiene un Comando y seis (6) unidades: Dos de condenados varones (UP 1 “Penal de la Capital, con capacidad para 280 plazas, y UP 4 “Colonia Penal Granja Yatay), con capacidad para 50 internos; Una de mujeres (UP 3 “Instituto Pelletier”), con capacidad para alojar a 60 internas; Una de procesados (UP 6 “Cárcel de Procesados Varones “Gral José de San Martín”), con capacidad para 200 detenidos; Un Centro de Contención de Menores (UP 2), con capacidad para alojar 50 internos; y una Escuela de Cadetes DR. Lisandro Segovia (UP 5) Interesa para esta comunicación explicitar en cifras movimiento de internos en dichas unidades prisionales:

 Así, en la UP 1 hubieron, desde Enero a Diciembre/12: 453, 468, 457, 459, 464, 458, 473, 467, 472, 471, 472, 470, convictos; en la UP 4, mismo periodo: 35, 41, 45, 48, 49, 50, 59, 51, 53 56, 56, 56, condenados; la UP 3, mismo periodo: 29, 30, 29, 29, 30, 28, 29, 26, 28, 30, 29, 29, casi en su totalidad condenadas, porque también allí están alojadas algunas procesadas; la UP 6, mismo periodo: 269, 293, 290, 272, 280, 276, 279, 274, 270, 258, 265 y 276, imputados no procesados y procesados.-
En el curso del primer semestre de este año, con referencia al año precedente, las tasas de penalización y detenciones cautelares han aumentado; así: en la UP 1, desde Enero a Junio/13: 478, 471, 480, 475, 474, 474; en la UP 4: 56, 56, 55, 56, 55, 53, resulta importante no perder de vista que en esta unidad se alojan condenados que gozan de confianza del SP y próximos a la externación, (provienen de la UP 1), cuyos ingresos no aumentaron, lo que evidencia políticas de “mano dura” –“para hacer saber alto y fuerte que la prisión funciona”, del mismo artículo de Garlan que refiere los dichos del Ministro del Interior inglés Michel Howard- de parte de la autoridad de ejecución penal (con la misma lógica, “la determinación judicial de la pena no es inderogable; depende del SP quienes pueden disminuirla, aumentarla, agravarla o atenuarla”, Pavarini, 2.009; y los penitenciarios tiene más poder que un juez de sentencia penal, Taylor, Walton y Young, 1.973, Lee y Young, 1.983; y del informe del GIP -Grupo de Informes de Prisiones-, formado y reportado por Foucault en su entrevista con Geneviere Armleder: “Percibo lo intolerable”, 1.971; Richards Sparks, clase del 27/04/12 para maestrandos de la UNL) En igual periodo, en la UP 6: 256, 276, 287, 300, 292, 294, con lo que se corrobora, en el proceso de criminalización secundaria, la pulsión detentiva de jueces y fiscales de instrucción y de la única cámara en lo criminal de apelaciones que existe (pero no por ello “funciona”) en la provincia, con la consecuente contra legem prisión preventiva como regla de coerción personal, entre otros conceptos y categorías criminológicas que dan cuenta acabada del fenómeno; en idéntica dimensión temporal, en la UP 3: 31, 30, 30, 30, 27, 27; con lo que claramente se valida la preferencia de encierro en relación con otras alternativas garantizadoras de cumplimiento de comparencia y/o con la determinación judicial del castigo ex post reproche penal.-
¡ Y todo ello ante una población de aproximadamente 350.000 habitantes en la ciudad capital y un total de poco más de 1.250.000 en toda la provincia ! Aclaro que soy consciente de esta mirada ciclópea, no escrute cómo era antes entre otras tantas cosas, cifras pretéritas al periodo denunciado, con lo que este “introito/borrador” no supera su ya restringido significado.-

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El facilismo que importa echar mano del recurso/herramienta punitiva frente al (supuesto) incremento de delito/delincuencia/víctima importa ocultar algunas tensiones y sus debidas consecuencias entre poder y autoridad que están en el origen de la política penal, por una parte; y, las estrategias en esta materia, amén de la re/producción de tipos penales, son “adaptaciones punitivas” que implican una “negación” simbólica a esa misma situación; entonces, para Garland y en la forma inferencial que expone también para todos, aparece siendo dualista, ambivalente y frecuentemente contradictoria, que es sostenida con pretensiones de legitimación ? por una criminología también dualista y ambivalente, disociada entre una “del sí mismo” y una “del otro”; de lo que se concluye la existencia de un conflicto (originado en el dualismo contradictorio) en lugar de una respuesta diferenciada para diversos tipos de criminalidad.-

II.- De la “normalidad” de las elevadas tasas de criminalidad: Anticipo que para Garland la “normalidad” se infiere de la “habitualidad”, de manera que el contexto enunciado en I.-, in fine, amén de partir de supuestos, se intenta acreditar, en un primer momento de aquella comunicación, afirmando la “normalidad” de las elevadas tasas de criminalidad por dos razones: a) Delito y miedo al delito son vividos comunmente como hechos normales de la vida moderna -o concepción del delito como riesgo cotidiano que se evalúa y administra rutinariamente- porque son habituales (olvida que también “habituales” son las anormalidades y las patologías de nuestro presente actual, reconduciendo a una suerte de organicismo/funcionalismo parsoniano y, por ende, a la pretérita “normalidad del crimen” de/en Durkheim); y, b) Las tasas de criminalidad son consideradas normales porque son consideradas como un dato sociológico en el leguaje durkheniano (“hecho social normal”), es decir, que dicho dato/hecho representan una contrapartida (precio) de nuestras libertades individuales y de nuestros mercados desregulados, cultura del consumo desenfrenado, como efecto de nuestra preferencia general por un estilo de control no autoritario.-   

III.- Los cambios de discurso: Ante la percepción del referido nuevo hecho social como normal, en la hipótesis de Garland, los gobiernos y otros actores respondieron con una serie de transformaciones en la percepción oficial (“verdadera”) del delito, en el discurso de la criminología, en los modos de acción del gobierno y en la estructura de las agencias judiciales; en ese sentido, el discurso de guerra contra el delito ha cambiado, lo que surge de la comparación de documentos políticos del gobierno inglés de los años 1950 y 1960 y los actuales; antes, se pensaba que se ganaría dicha guerra, sin embargo las declaraciones estatales se han vuelto más modestas y vacilantes, por ende han cambiado los objetivos: se propone una mejor gestión de riesgos y de los recursos (hasta se fundan tecnicaturas y licenciaturas en seguridad ciudadana, provenientes de adaptaciones de la teoría de la prevención situacional, entre Gobierno/Policía provincial y la UNNE), reducción del miedo y de los costos de la criminalidad y de la justicia penal, mayor apoyo a las víctimas, etc.; empero no ha cambiado el discurso (recordando al San Manuel Bueno de Unamuno, 1964: o sea, hacer conscientemente algo sin apoyo o contra sustento fáctico, porque es mejor para todos) en razón de que admitir la impotencia/incapacidad por garantizar seguridad y orden, controlar el delito, implicaría conmover el mito fundacional y weberiano del Estado soberano y del monopolio de la fuerza, respectivamente. En algún sentido esta situación instala la ambivalencia estatal: por una parte, hacer frente al problema y desarrollar estrategias racionales adaptadas al problema, y, una tendencia recurrente a una negación histérica y consecuencial, reafirmación al referido añejo mito fundacional; concluyendo que el signo de nuestro tiempo no es la “punitividad” sino la “ambivalencia” entre adaptación y negación, o lo que es lo mismo, entre enfrentar la situación y la de hacerla desaparecer mágicamente.-

IV.- La “criminologías de la vida cotidiana”: Lo que aquí expresa el artículo es en general observable en esta región del país; así, este discurso se montó sobre  los mismos elementos teóricos, a partir de la normalidad del delito, común en las sociedades modernas. Pero a diferencia de la experiencia inglesa, sobre datos provenientes de las agencias del sistema penal, especialmente las policiales y penitenciarias y no de encuestas de victimización (éstas no existen en nuestra provincia, ni en nuestro país !) como podría ser en GB. En cierto sentido se puede compartir de que el delito acontece en el curso normal de las cosas, ya no como disfunción individual o colectiva, sino delito como oportunidad, como una libre elección de carrera, un medio de proveerse de sensaciones fuertes o de “vengarse” (de lo que la sociedad le debe al desviado); en otros términos, el delito se presenta al escrutinio público como un riesgo (en clave de tiempos de sociedades de riesgo de P. O´Mally) a calcular o de accidente a evitar más que una aberración moral.-
Las repercusiones emergentes de tal marco se dirigen al conglomerado de la sociedad civil, no al “aparato de Estado” (en lenguaje neo marxista); con lo que se reconoce limitaciones/déficit estatal, que ahora con los nuevos programas buscan influenciar con las conductas de potenciales víctimas (programas de recomendaciones para no ser víctimas de delitos), proteger blancos vulnerables, mejorar la seguridad de zonas “peligrosas”, etc. Es decir, el Estado ya no pretende ser actor único o principal en materia de control de criminalidad, trocando “ingeniería situacional” por la otrora soñada “ingeniería social”.-
También el delincuente, de inadaptado infra o sub socializado, anormal, ha pasado a ser percibido como un consumidor hedonista racional, completamente normal, hombre situacional que carece de barreras morales o de controles internos, cuya “identidad” depende de una elección de consumo y de imágenes de sí mismo más que de una formación moral (si ésta es relativista, qué importancia tendrá ?), de compromisos de valor (en el sentido de A. Cohen, 1.960; en contra de las Técnicas de neutralización de D. Matza)
 Dijo R. Sparks en su clase citada supra: “No puedo hacer una comparación entre lo que pasa en mi país y Argentina en cuanto  a este tema pero creo que la rehabilitación aparece silenciada oficialmente pero no quiere decir que ha desaparecido, este pedazo que se muestra en Escocia pero de algún modo muta, pero está presente cuando dice que se le ofrecerá a los presos servicios, educación, etc.,  y detalla cúal van a ser las tareas y en qué consiste y qué resultados lograremos con esas tareas y servicios que le daremos a los presos, y es con esta base que se creó la idea de la resocialización, tenemos que ser conscientes de la diferencia existente entre la teoría y práctica en este tema, la manera en la cual se redefine este objetivo y la manera más o menos humana de contener a estas personas mientras permanezcan encerrados, es preciso tener en cuenta que la retorica oficial de Escocia no hay que compararla con California, porque la experiencia de encarcelamiento en estos lugares como California es extraordinariamente diferente..la forma en la cual se han formulado estos objetivos estuvo atravesado por los cambios que se producen fuera de la prisión, en la sociedad, como ser políticos, sociales, etc., y la imagen del preso como un consumidor que al no elegir bien adentro de la prisión que tarea llevar a cabo, luego va repercutir afuera en su quehacer o comportamiento, esto explica un cierto atractivo del sistema acerca de las alternativas  dentro de la prisión, tratar a los presos como personas con un cierto atractivo dentro de la prisión para reasignarle ciertas tareas de resocialización, pero claramente se trata de un tipo del lenguaje que traduce una imagen débil acerca de la esfera de autonomía y libertad de los presos que chocan con las garantías constitucionales, las autoridades estatales, la excarcelación y demás discursos que emplean la retórica oficial, se ve una oposición entre 2 sujetos presos, uno, un ciudadano con todos sus derechos e imágenes, y el segundo, el que está encerrado y sin oportunidades…”
A su hora, desde la Cultura del Control, en su clase del día 26 /04/ 12 a los alumnos de la maestría de la UNL, el autor dijo: “Había claramente una nueva penología del cálculo de riesgos, pero había también una vieja, ligada a la venganza, había más castigo pero más prevención, había un estado de la justicia penal más desarrollado pero también una discusión acerca de los limites estatales, pero el cambio fundamental estaba vinculado a la cultura, le parecía que había producido un cambio en la transformación en el lugar del delito en nuestras vidas cotidianas, de algún modo de cómo experimentamos ese fenómeno, ninguna explicación de estos fenómenos podía ser singular, no podía ser una narrativa singular acerca de un proceso narrativo, cualquiera fueran las fuerzas sociales que producían estos patrones eran muy complejos de ser explicados pero debía hacerlo, está relacionada esta observación al fenómeno de la complejidad para entender y comprender estos mismo fenómenos, pero las otras 2 observaciones son las  que le señalaban que era posible identificar un patrón en los cambios que pretendía analizar, en la tercera observación se refiere que eran cambios extraordinariamente relacionados a los dos lados del atlántico y era muy sorprendente porque ambas sociedades son muy diferentes en todos sus aspectos, cultura, política, concebir el delito, el problema del delito en escala e intensidad es mucho menos fuerte en GB que en EE UU, y por supuesto el carácter político de desigualdad social son muy diferentes en ambos países, sin embargo entre los años ´70 y ´90 los caracteres de los cambios fueron similares extraordinariamente, así por ejemplo se produjo un giro hacia un mayor nivel de castigo, hacia las víctimas, hacia la resocialización, la seguridad privada que se dieron de forma muy similar en los dos lugares, los puntos  a los cuales los decisores trataban de resolver eran similares, como las estrategias que se producían en el campo del delito, esta observación me sugería que existían fuerzas sociales que estructuraban patrones de problemas sociales, por ende surgía la idea de que estos cambios complejos eran provocados como una respuesta tanto en EE UU como en GB,  y esa estructura subyacente que implicaba una serie de peligros y riesgos son los que ha identificado como características de la modernidad tardía, las nuevas maneras en las que vivimos de los fines del Siglo XX en adelante, la nueva manera de ver y experimentar la vida social, los empresarios, se conjugan en una nueva reacción social que inclinan las respuestas de la reacción del delito, existía algo así como un patrón, una estructura que parecía verdaderamente que los cambios en la justicia penal tenían un paralelo con los cambios de la justicia social, tanto en la justicia penal como la justicia social, en torno al welfarismo hubo un cambio, por ende las ideas en la justicia penal deberían estar dirigidas al niño etc, fueron desplazadas, marginadas, tanto los asistidos en lo social como los ofensores en la penal debían ser responsables por sus estados, en ambos lados había un nuevo énfasis por tratar de generar decisiones en cada una de ellas, en los dos terrenos se hablo de los incentivos perversos, el caso de las políticas sociales , las personas que no tienen trabajo no van a querer nunca trabajar, los que están fuera del trabajo, y del mismo modo en lo penal un acusado de un delito que ingresa al sistema penal, no se va a disuadir sino por el contrario se va alimentar de que esa persona lo haga en otras situaciones, estos paralelos en las nuevas formas de pensar lo llevaron a pensar que el cambio estaba vinculado al lugar marginal de las sociedades contemporáneas, en particular el patrón que caracterizaba a las relaciones entre los grupos sociales estaba ligado a lo compartido entre los individuos, estaba empezando a ser desplazado, en este sentido perecía que la discusión de estas cuestiones rodeaban al welfarismo, le parecía  que lo que estaba en  juego era más general con referencia a lo modernista. De cómo las instituciones debían ser diferenciadas y moldear la vida de las personas, el libro básicamente une dos enfoques analíticos de carácter general, el primero que representa la emergencia de la modernidad perdida, este conjunto de desarrollos afectan a todos los países desarrollados a mitad del s. XX, cambio en el trabajo, en el espacio urbano, en el hogar, las mujeres en el trabajo y por ende relación padres e hijos, etc , todo que abarca a los países desarrollados, y esas nuevas formas modernas tienen importancia consecuencia para el delito y el campo del control del delito y estas consecuencias son para mí: uno de los hechos sociales que caracteriza la segunda mitad del siglo XX el crecimiento extraordinario de los delitos contra la propiedad y los violentos, cuando yo era un estudiante de posgrado los criminólogos trataban de negar esta tendencia, de este modo el aumento del delito era un susto en las estadística sociales, podría ser también la percepción de los medios q sobre reaccionaban, en los años 90 cuando escribí la cultura y el control nadie dudaba del aumento de lso delitos contra la propiedad los violentos contra las personas, cualquiera sea la fuente que decía estos datos porque todos caminaban en el mismo sentido entre los años ´60 y ´90, entonces tanto en EE U U y GB las tasas de homicidio se multiplicaron, los robos se multiplicaron por 20, los delitos de asalto a viviendas, robo de autos también, entonces para mi,  esto planteaba una importante cuestión sociológica, como explicábamos este crecimiento delictual en un conjunto muy grande de sociedades desarrolladas, la naturaleza de esta pregunta requiere una respuesta sociológica, hay ciertas preguntas acerca del delito que han tenido respuesta de carácter biológico, sociológico, etc, muchas de estar respuesta han establecido porque lo jóvenes mas  que los viejos los hombres más que las mujeres etc, no se si son adecuadas o no, pero la transformaciones la actividad delictiva en este periodo de tiempo corto no pueden ser explicados por la psicología o biología, sino la sociología, la idea q planteo en el libro es que este crecimiento se pueden explicar por 3 procesos, 1- La masiva circulación de conjunto de bienes de carácter valiosos q pueden ser objetos de delitos contra la propiedad. Las 3 décadas posteriores a la segunda mitad de los ´40 hizo nacer  la época capitalista del consumo , casas trabajadoras con tv , radio, automóviles, esto es crucial para entender este problema del crecimiento, de hecho tanto en EE UU  como en GB los delitos más importantes son los de autos u objetos q están en los autos, estos objetos no existían antes de la segunda GM, por ende había más para robar con el desarrollo del consumo. La relajación conducida por la modernidad tardía y su dinámica, como ser el desarrollo de los hogares suburbios entonces no hay nadie en la casa y hay bienes tentadores para cometer el delito, o la evolución de los supermercados y negocios de auto- service donde pueden servirse y ser tocados por cualquieras, el centro de las ciudades en los que  los negocios en los cuales durante caer la tarde no hay nadie circulando, en general un cambio en el estilo del control social donde los adultos se involucra n menos en lo que hacen los niños en los espacios públicos, por un lado aumento de las oportunidades y por otro descenso de control y tercero conjunto de varones y jóvenes para aprovechar las oportunidades disponibles, para mi claramente estos 3 procesos y su conjugación es una receta para el crecimiento de la actividad delictiva y su crecimiento, y pero como responden las sociedades a este fenómeno, simplemente fue no hacer nada nuevo y seguir haciendo lo mismo de siempre, los distintas actores seguían haciendo lo mismo que antes, policías, miembros de los hogares, etc, y el delito sigue creciendo, ese era el problema, una parte importante del libro  intenta explicar cómo fue surgiendo la adaptación a este problema nuevo, una cosa clara es que los patrones de delitos y sus formas no determinan las respuestas penales, de hecho durante los años ´50 al ´70 creció sistemáticamente y las políticas penales seguían exactamente iguales, pero eventualmente partir de los años ´70 las viejas maneras de pensar y actuar no podían seguir siendo sostenidas, el libro contiene dos historias, una consiste en las respuestas q generaron los actores de la justicia penal, etc, y por el otro se refiere a las adaptaciones a estas altas tasas de delito, como las empresas, los hogares , etc, para el  las respuestas más dinámica fueron las de los empresarios privados, los hogares, individuos etc, o sea, las de carácter civil, porque en gran medida este conjunto de sucesos son en definitiva las victimas principales de la actividad delictiva, en lugar de espera  a los gobernantes que los resuelvan fueron los civiles los que comenzaron a actuar y buscar respuesta por medio de distintas acciones, una idea del libro trata de trabajar con las acciones que buscan resolver problemas para actores en contextos similares, trabajo sobre cambio en la justicia penal y el control del delito como en la sociedad y asumo que estos cambios son producidos por la actividad , es decir q a pesar de esto, hay una tendencia por entender como los actores toman decisiones desde diferentes lugares y esta son similares para resolver los problemas del crecimiento del delito, todos los actores reciben la presiones de los problemas a enfrentar pero también asumen en cuanto a la posición en que se encuentran, asume q existe constantemente un juego de ensayo y error y se fracasa y se intenta buscar otro, y que de algún modo los arreglos exitosos en ese ejercicio son los  que tienen eficacia pero que a la vez resultan más coherentes con los pensamientos comunes y lógicos,   el libro ilustra como intentan sobrepasar estos problemas los actores penales, como policías, jueces, penitenciarios etc. Y en cuanto a los actores civiles  como empresas individuos comunes en su hogar,, como han ido cambiando y las demandas que le plantean a los oficiales , a quienes van a votar etc,, así por ejemplo podemos ver el desarrollo de los barrios privados, la construcción de evitar q los niños circulen en espacios públicos, vemos como el evitar ser víctima de un delito obliga a estos cambios en los civiles, la idea fundamental es q cuando los individuos empiezan a incorporar este grado de conciencia a cerca de poder ser víctima de un delito y gasta e invierten en la prevención automáticamente camba su orientación acerca de q tipo de política hay q llevar a cabo o a quien hay que seguir, etc, Así entonces  en los años ´60 hasta ´70 los profesionales eran apoyos frecuente, eran un bloque social que apoyaba a las políticas del welfare porque el delito no era para ellos un problema principalmente, luego ya en los años ´90 en cambio la orientación de las clases media cambia a y apoyan políticas de carácter punitivo, la quitan apoyo a las  condiciones de bienestar porque gastaban públicamente y no les garantizaban el bienestar ni sus propiedades, esto se puede ver en los partidos políticos de centro yo de izquierda en EE UU, se desplazaron  de su tradición social a adoptar una retórica y propuestas políticas a endurecer las penas y propuestas iguales a sus rivales de derecha, esto se puede ver en Clinton y Blair, la idea es q los medios de comunicación y los políticos pueden moldear la idea q se tiene del delito, pero desde mi punto de vista este tipo de actores pueden desarrollar creencias colectivas solo desde las vivencias sociales q no las viven, de hecho hay muchos cambios en las políticas, como condena, población penitenciaria, etc., para mi estos cambios son menos importantes que los que se han producido en las empresas y los individuos que conviven con el delito, y por esto quiero decir  q los cambios q se presentan en las practicas  que llevamos a cabo para sobrevivir en todo aspecto, hago punto en dos situaciones: en los años 80 con respecto a la propiedad y ´90 contra las personas ha decrecido estos delitos, como se explica esta declinación del delito en los años 90, los diversos autores suelen apuntar a cambios en las políticas públicas, niveles de encarcelamiento, prácticas policiales, y evidentemente estos cambios son producidos por estos actores q reclaman haber producido este descenso en los delitos, y entonces tenemos actores políticos como GIULIANI, y q dicen ser responsables del éxito de estos cambios en las políticas públicas, etc,  pero me parece q mas allá de q si la policía tuvo o no que ver, siempre en todos los casos más allá de cuál sea la idea, tuvo que ver con un cambio masivo sin nombres q tuvo q ver como los individuos comenzaron a cuidarse ellos propios, entonces si miramos como descendió el delito y los títulos, es cierto han bajado los homicidios, robos, etc, pero di dejamos de lados los diarios y vemos las estadísticas vamos a encontrar cosas más importantes porque el q mas cayó fue el delito  de robo de  vehículos y sus objetos , y como se explica esa caída, por nuevas formas de la prisión y la policía¡ no, fue por la nuevas formas de fabricar los autos, y las previsiones de los individuos, los guardan en cocheras, los seguros les exigen que los guarden y no los dejen en la calle por el riesgo y por ende su cobertura”

V.- La estrategia de “responsabilización”: Como nueva forma de gobernar el delito ahora se busca imponer y delegar responsabilidades a individuos o colectivos que antes solicitaban protección al mismo Estado; es decir, las profecías de Foucault se cumplen ahora acabadamente en esta cuestión, toda vez que el Estado no ejerce directamente la acción contra el delito, sino indirectamente a través de la acción preventiva de organizaciones no estatales; y todo ello como forma de delegar su responsabilidad en el control del delito, instigando a formas susceptibles de reducir el volumen de infracciones. Acción cuyo programa se cumple en etapas: primera, es necesario identificar quién está en posición de posición de controlar el delito e inventar formas de obligar a hacerlo (“el delito/la seguridad nos incumbe a todos, no solo al Estado”, es el latiguillo); ante la crítica de que el Estado “se lava las manos”, propone Garland que esa crítica no debe cegarnos ya que el Estado se compromete en su nuevo rol, ya no dá órdenes, sino que es una  manera de gobernar el delito, con sus propias formas de saber, sus propios objetivos, sus propias técnicas y sus propios aparatos (analogando el énfasis en sus los aparatos ideológicos por sobre los represivos directos) Estas acciones dejan al Estado en una situación más poderosa que la anterior, mina la noción de Estado paternalista/proveedor, limita las competencias de los servicios públicos, disminuye los derechos sociales y acrecienta la influencia del mercado en la salud y bienestar de la población (tengo presente lo que sobre esta cuestión en la Industria del control del delito de Nils Christie)

VI.- La reducción del ámbito y la consideración de la gravedad de la desviación: Esta es otra de las adaptaciones, que por otra parte adquiere múltiples formas; por nuestra periferia se advierte el renacimiento y avance del principio de la oportunidad del ejercicio de la acción penal por sobre la oficiosidad como repercusión de legalidad procedimental, semejante a al reporte de Garland en su ejemplo de lo que acontece en Escocia; penas fijas y procesos abreviados (aquí se legisló y corrientemente se echa mano de la probation, aun cuando es una forma de herramienta extorsiva que usa el Estado, más aún en casos de inocentes); el uso de penas alternativas a la prisión y la desincriminación legal de ciertas conductas. En el caso de las policías, ellas trabajan “a media máquina” (también aquí): no pierde tiempo en investigaciones por delitos de bagatela o en aquellas condenadas al fracaso.-
Con ello se tiende a marginar a la criminología crítica en beneficio del Ministerio de Finanzas y demás organismos estatales que quieren encontrar vías para reducir el gasto público y mejorar la performance del Gobierno: prueba de ello es la advertencia al servicio de probation que evite “tirar de la cuerda” (en clave de Cohen) porque tales prácticas no son rentables. Paradojalmente y a pesar de esta tendencia reduccionista, las cifras monetarias han aumentado en el curso de los últimos veinte años, siempre en el lugar y tiempo observado por Garland y ello debido al creciente nivel de la criminalidad y al hecho de que esta tendencia a incrementar la determinación legal de infracciones (en nuestro caso la prueba más acabada nos da la incorporación al texto represivo de los tipos de femicidio).
Otro índice de la adaptación Estatal consiste en la “redefinición del éxito y el fracaso”; en tal sentido las agencias judiciales han reaccionado a las criticas revisando y moderando aspiraciones, redefiniendo fines y buscando cambiar los criterios de evaluación: la policía continua proclamando su éxito en la lucha contra el delito grave y en la captura de importantes delincuentes, pero exhibe ambiciones menores respecto al delito “normal”; las autoridades carcelarias dicen y marcan fuertemente su capacidad para imponer un castigo y proteger al publico por el simple hecho de encerrar a los delincuentes, sin compromiso con las ideologías “re” o se cuidan de no hacer de ello un indicador de performance. El discurso de estos organismos se desplaza hacia sus “clientes”, quienes son libres de utilizar toda ocasión de corregirse que la prisión pudiera ofrecerle; de la misma manera, la policía pone el acento sobre el hecho de que es necesario de que las personas se responsabilicen evitando situaciones peligrosas para no incorporarse como víctimas de un delito (es lo que Pavarini, 2009, trata como evaluación interna hecha a valer como externa, se muta trabajo por éxito)
De esta forma, el sistema penal en una suerte de defensa organizacional burocrática cambia sus objetivos y se da otros nuevos que les conviene más y puede realizar. En este estado digo que si algo había dejado en claro Garland, me termina por confundirme.

VII.- La negación: las adaptaciones señaladas se caracterizan por tener un cierto grado de racionalidad administrativa y de creatividad organizacional, pero no escapan a su calificación dicotómica: por un lado la máquina administrativa Estatal intenta adaptarse a sus límites y terminar con las realidades que le generaban mal estar, y por el otro, el brazo político del Estado se ha comprometido con una forma de negación que se manifiesta cada vez mas como histérica; de otra forma, el gobierno frena la difusión de información que sabe verdadera, y actúa sobre la base de aquella que desea que fuese verdadera, actitud que Freud identificaba en sus pacientes neuróticos. Una de las respuestas frente a la criminalidad residen penas severas, al unísono de las creencias de que una política de encarcelamiento masivo por periodos de tiempo prolongado lograría reducir las tasas de criminalidad, nuevos poderes otorgados a la policía y un recurso mayor a la prisión, posición punitiva de los años ´80 y ´90 que buscaba reafirmar la aptitud del Estado para gobernar exhibiendo su poder de castigar, lo que importó que el sistema penal se halla desconectado de la ideología de la solidaridad social.
Política punitiva de ley y orden que son una manipulación maligna y sínica con que se manifiesta de los signos del estado y de las emociones de miedo e  inseguridad que dan sus fuerzas a estos símbolos.
Estos símbolos tienen síntomas poderosos cuando que expresan un sentimiento de inquietud en un clima económico y social dado (Foucault describe claramente esta situación en el calvario del joven regicida del Robert Dameins en su obra Vigilar y Castigar de 1.975), que se repite en la postura de endurecimiento de la política penal en el lugar y periodo observado por Garland: se utiliza una demostración de fuerza punitiva contra el individuo condenado para rechazar toda confesión de incapacidad del Estado para controlar el delito; el apuro por condenar con penas severas a la clientela del sistema oculta de hecho un fracaso en la búsqueda de seguridad para la población en su conjunto, sin embargo el mensaje de arriba hacia abajo es que “se está haciendo algo” aquí, ahora, bien y rápido, no existe ninguna necesidad de cooperación, de negociación o de saber si funciona o no. Concluye que es un acto demostrativo de poder soberano que apunta a suscitar amplio apoyo popular y relativamente a bajo precio, habitualmente con poca oposición política real, todo lo cual tiene como consecuencia directa sobre la tasa de encarcelamiento que tiende a provocar un encarcelamiento masivo, raramente encontrada en la mayor parte de los países totalitarios.

La retórica a esta política punitiva es mucho mas lombrosiano que la criminología de la vida cotidiana, es la criminología del otro, que caracteriza a los delincuentes como lobos, predadores, monstros sexuales, malos, malvados, miembros de una sub clase, enemigos, de una cultura dominante que exalta los valores familiares, la empresa individual y los límites de la ayuda social y la única respuesta practica es poner aquellos “fuera de circuito” para la protección del público.
Así se muestra una criminología oficial cada vez mas dualista, polarizada y ambivalente y todo ello en relación a todo lo que he ya explicitado en el numeral VI.-, siendo que esta última es invocada para banalizar el delito, moderar los miedos desproporcionados y promover la acción preventiva, mientras que la segunda tiende a demonizar al delincuente ,excitar los miedos y la hostilidad popular, sosteniendo que el Estado debe castigar más (“hay que matarlos a todos”, “que se pudran en la cárcel”, son los comentarios generalizados como usuales a las noticias policiales)
Entonces en/para Garland sería lógico que las autoridades adaptasen una visión diferenciada y multicausal de la conducta delictiva, estableciendo esquemas de sanciones diferenciadas, ilustrando las reformas en los años ´80 que instauraron las penas de trabajo socialmente útil, lamentablemente dicha estrategia de reforma fue invertida por una penología primitiva y punitiva que socavó la diferenciación fundada en la gestión del riesgo en la criminalidad y en los recursos públicos que se acababa de adoptar, de allí que dicho autor califique dicha criminología como esquizofrénica.
Al final seria loable no perder de vista que en la determinación judicial de la pena, particularmente la de prisión preventiva o ejecutiva, la necesidad y su cuantificación no se agote con la culpabilidad por la vulnerabilidad, como correctivo racional, abarcativo y reductor de la culpabilidad por el delito cometido (Zaffaroni, 1.990).

Informo que los datos locales aportados son fidedignos ya que fueron extraídos de los libros de ingreso y egreso de prisioneros del sistema penitenciario local, uno por uno, ya que el servicio no reporta cifras globales ni estadísticas al respecto.

Corrientes 15 de Agosto de 2013

RAMON SILVIO SOSA












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